2. Las batallas por el Ascenso
En 1965 Huachipato ya es un club profesional de fútbol con todas sus letras. Sus comienzos en segunda división fueron bastante prometedores. El debut acerero no pudo ser mejor, ya que venció a Municipal de Santiago 3x0 y en calidad de visita, mientras que el estreno como local fue ante Luis Cruz Martínez de Curicó, en duelo que los de la usina se impusieron por dos goles contra uno.

Fotografía: Revista Estadio
El desempeño de los siderúrgicos entusiasmó a todo Talcahuano, ya que el equipo jugaba con autoridad y confianza, tanto en Las Higueras como en calidad de forastero. Tenía una vistosa línea de juego, producto de que muchos de los jugadores ya llevaban años juntos, con una defensa compacta y una delantera agresiva y goleadora. La alineación tipo de ese año fue con Claro, en el arco; Aguilera, Rojas, Soto y Mesías, en la línea defensiva; Fuentes, Flores y Ruiz, en el medio terreno; y el tridente Araya, Gutiérrez y Angulo, en la ofensiva.

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Transcurridas las primeras fechas Huachipato se instaló en lugares de avanzada, decidido a amargarle la vida a los favoritos, especialmente a Ferrobadminton, que quería ascender rápido, tras su caída a segunda en el año anterior. Y los acereros no aflojarían, ya que al final del primer tercio se ubicaban a sólo un punto de Ferro, pero también sólo una unidad arriba de Colchagua y San Antonio Unido. Era un torneo al rojo vivo, muy disputado y con fuerzas parejas en la parte de arriba de la tabla.
A comienzos de julio la esperanza acerera estaba intacta, el equipo iba puntero con 17 puntos y derrochaba confianza después de ganarle a Ferrobadminton y caer ajustadamente con Municipal, en San Eugenio. La fórmula de los dirigidos por Luis Vera daba frutos: asegurar de local y tratar de ganar puntos de visita con defensa cerrada y apostando al contragolpe.
Tras los recesos por las disputas de la selección nacional Huachipato perdió la punta, pero la volvió a conseguir nuevamente, a principios de septiembre, luego de un apretado triunfo sobre Universidad Técnica.
El equipo estaba sólido y con gran convocatoria en todos los partidos de local, lo que demostraba, con fuerza, que en Las Higueras había una atractiva plaza para la primera división. En resumen, había tranquilidad, pero matizada con algo de mesura.
Se había logrado una regularidad basada en la fortaleza de la local, pero todos coincidían en que nada estaba asegurado, ya que el torneo seguía siendo una “caja de sorpresas”.
Y los fantasmas estaban a la vuelta de la esquina, en dos fechas Huachipato perdió la ventaja que había logrado sobre sus perseguidores. Empató de local con San Antonio Unido y cayó en Los Andes, ante Trasandino. Asomaba, quizá, el desgaste de una campaña dura y de dientes apretados. Pero el equipo se sobrepuso y retuvo el liderazgo con un contundente 4x1 sobre Ovalle. Luego vino el clásico con Ñublense (récord de asistencia en Chillán), duelo vibrante que terminó igualado 2x2. Ahora, la ventaja de puntos era mínima sobre Trasandino, la lucha sería con todo hasta el final.

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A mediados de octubre, ya en la penúltima fecha de la segunda rueda, Huachipato todavía seguía siendo líder con 30 puntos. Había ganado su duelo pendiente con Colchagua y en la fecha en que quedó libre todos sus verdugos cedieron puntos. En ese minuto todo se daba para que los acereros soñaran con el ansiado ascenso.
Sin embargo, una semana después vendría una dura derrota 0x1 con Ferro, en Las Higueras, la que instalaría nuevas dudas en el equipo.
Durante esa jornada, cuando ya el torneo entraba en la tercera rueda, se percibía en el aire que el título y ascenso lo definirían Ferro y Huachipato.
Siete días más tarde el alma volvió al cuerpo con la victoria sobre Municipal, ya que el equipo retuvo la punta de la tabla, con gran actuación de todo el equipo, especialmente del zaguero Franklin Aguilera.
A mediados de noviembre ya la lucha entre Ferro y Huachipato era apasionante. Ninguno cedía en el último tramo del torneo y aunque los negriazules parecieron entrar en un bajón rápidamente se recuperaron con una revitalizadora victoria frente a San Antonio Unido. Eso si, la atropellada de los aurinegros capitalinos se venía con todo, ya que, además, el fixture la favorecía en número de partidos como local.
Pero ya en diciembre, para variar, las cosas mejoraron para Huachipato, que producto de una combinación de resultados quedó un punto arriba de Ferro. Todo seguía siendo un carrusel de emociones para el hincha acerero que a esas alturas le quedaban pocas uñas en las manos. De hecho, nuevamente todo se complicó días después, con el empate ante Ovalle, en el norte, ya que Ferro pasó arriba en la tabla, tras vencer a Trasandino. El tema es que los santiaguinos tenían tres partidos por delante y Huachipato sólo dos, ya que quedaba libre en la penúltima fecha.
A comienzos de enero la cerrada lucha por el ascenso entró en tierra derecha, a favor de Ferro, sobre todo después del angustioso empate 1×1 de Huachipato ante Ñublense, con más de 10 mil personas, en Las Higueras. Ese día la decepción de la fanaticada acerera se veía en cada una de las caras de los fieles hinchas.
La meta del ascenso se volvía improbable, más que nada porque a Ferro le bastaba un punto para subir a primera, tras su triunfo sobre Ovalle. Pero…
A la semana siguiente ocurría lo impensable, justo cuándo los aurinegros quedaban a tiro de cañón (les bastaba sólo el empate para ser campeones) eran derrotados, a domicilio, por el sorprendente Ñublense. Todo de nuevo a fojas cero y el nerviosismo cundía en los fanáticos de Ferro y Huachipato, ya que todo se definiría en la última fecha cuando ambos cuadros debían enfrentarse en el Estadio San Eugenio. El día del duelo decisivo nuevamente a Ferro le bastaba el empate para ascender, por lo que apostó por cerrarse bien atrás y esperar que Huachipato se viniera obligado a ponerse arriba en el marcador. Por eso, los acereros nunca se sintieron cómodos y fueron, una y otra vez, a chocar contra las férreas líneas defensivas aurinegras.

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Y aunque tuvo pasajes prometedores el cuadro de la usina se encontró, al filo del descanso, con un demoledor contragolpe del puntero Villegas, quien batió a Claro y puso la tarea aún más cuesta arriba. El gol fue un mazazo letal contra las aspiraciones acereras, ya que, de ahí en adelante, el equipo perdió la fe y sólo siguió batallando por inercia, dando paso al desorden táctico, lo que hizo que Ferro adelantara algo sus líneas pudiendo aumentar en varias ocasiones el marcador.
A esas alturas, el ruido ensordecedor de las huestes aurinegras opacaba a los dos mil hinchas del acero que con sus banderas abajo ya sentían que el ascenso estaba perdido.
Tras el pitazo final, aunque la tristeza abrumó a jugadores, técnico, dirigentes e hinchas quedó la tranquilidad de que el debut profesional de Huachipato rozó la hazaña en su primer intento por subir a primera. Habría que esperar otro poco más.
La segunda era la vencida (1966)
El torneo de ascenso 1966 comenzó con muchas novedades como la incorporación de nuevos equipos de la zona como Deportes Concepción y Lota Schwager, además de Antofagasta Portuario. Pero lo más relevante es que Huachipato inició con el pie derecho, con seis sendos triunfos, resaltando la victoria sobre los morados, en el primer clásico profesional entre ambos cuadros. Así las cosas, los acereros se colocaron rápidamente al tope de la tabla, de la mano siempre de Luis Vera, pero ahora con nuevos refuerzos en ataque como Noguera, Horster y Salomón; trio argentino goleador y que prometía muchas alegrías. A ellos se sumaron el defensa Droguett y el alero Torres. Todo era motivación y esperanza en Las Higueras, ya que crecía el convencimiento de que el camino se iba allanando para el esperado ascenso a primera.

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Tras el receso obligado del Mundial Inglaterra 1966, el torneo de ascenso se reanudó siempre con la supremacía acerera, aunque se perdió el invicto, a manos del sorprendente Coquimbo Unido. En todo caso, los de la usina se mantuvieron con cuatro puntos de ventaja, lo que dio tranquilidad para enfrentar lo que vino después, un triunfo difícil, esta vez ante Iberia.
Pero lo impensado llegaría días después, cuando Huachipato visitó al colista San Bernardo, en lo que se preveía como una cómoda victoria negriazul. La verdad es que ese día todo saló mal, los locales apabullaron al líder 4×1 llenándolo de dudas y fantasmas. Por suerte Coquimbo sólo empató con Lister Rosell, por lo que la ventaja de puntos solo se redujo a tres.
Concluida la primera rueda, a inicios de septiembre, Huachipato había recuperado sus cuatro puntos de ventaja sobre Coquimbo Unido (24 unidades) consolidando su liderato en la tabla y, lo que era más importante, logrando una idea y estilo de juego que prevalecía frente al resto de los rivales.
Sin embargo, las dudas volvieron con fuerza, tras el empate -en casa- con San Antonio Unido, donde se volvió a rebajar una unidad. El tema es que parecía que todos los equipos se le agrandaban a Huachipato, que, pese a dominar en el juego, le costaba ir cerrando los resultados. Además, siempre estaba al acecho Coquimbo Unido, por lo que muchos hinchas sentían temor a que se repitiera lo de 1965.
Por suerte, una semana después los “Piratas” cayeron 4×5, ante Deportes Concepción, por lo que gracias a la ayuda del “León” la diferencia se amplió a cinco puntos tranquilizando a las huestes acereras. Y días más tarde, la diferencia se estiró a siete puntos, tras nueva derrota de Coquimbo Unido y goleada de Huachipato sobre Colchagua 8×1, en Las Higueras. A esa altura, faltaban ocho fechas para el fin y todo indicaba que el sueño del ascenso estaba al alcance de la mano.